
Historia diminuta. 2
- Zaray Mulet

- 13 may 2023
- 6 min de lectura
Actualizado: 30 may 2023
Era una noche en la que la luna alumbraba la ciudad con bastante claridad. Tan exagerado, que ni siquiera hacía falta prender la luz de la habitación, con una diminuta ventana era suficiente para poder moverse visualizando los alrededores.
¿A qué será debida esta claridad lunar? Se preguntaba. Nunca en su vida había visto algo así. En ese momento decidió prender el televisor para ver si daban alguna información sobre ese suceso.
El acontecimiento ocurrido sucedía cada cierto tiempo y que muchas veces pasaba desapercibido para la mayoría. ¿Realmente porque no estaba en esas horas de sueño? Pasaba por una de esas noches en las que no podía frenar sus pensamientos. Su mente se evadió recordando cosas del pasado. Algunas de ellas bastante tormentosas, tanto como para quitarle el sueño.
Su mente le dio la mayor importancia a sus estancias en el hospital, inicialmente en la planta de oncología pediátrica, donde muchos debían permanecer aislados del resto del mundo y con visitas restringidas. Algunos de ellos con un final nada deseado por nadie. Si, aunque suene cruel, hay que ser realistas. Muchos superan su lucha, pero por desgracia algunos valientes no lo logran.
Recuerdo el día en que vinieron a verle tres amigos de clase al hospital. Estaba situado a algo más de una hora de camino. Venían llenos de cartas muy emotivas y dibujos de todos sus compañeros de aula. Aún las conserva por algún lugar de su casa. Le sirvieron para animarse en su peor etapa y ponerle muchas ganas a enfrentar su lucha inesperada e intentar regresar lo más pronto posible junto a ellos a la normalidad.
Recuerda los largos días y las largas noches de ingreso en el hospital. En la televisión de la habitación veía la serie de "Hospital central". Era una manera de evadirse de su nueva situación, sin saber realmente qué ocurría.
Sus entradas en quirófano por varias veces. Un total de once biopsias para analizar en profundidad el supuesto tumor. No pudo asistir a la boda de un familiar debido a su primera biopsia imprevista, en ella le pusieron también un catéter para recibir con la mayor brevedad posible el tratamiento. Recuerda cómo al recibir la visita, le pusieron el vídeo de la boda por todas las televisiones de la planta del hospital.
El catéter se le infectó e inflamó,... Tenían que reducir esa inflamación, recordó el tamaño de la aguja que utilizaban cada vez era más larga y gruesa. Pidieron a la madre abandonar la habitación, los médicos le sujetaban. No paraba de moverse para evitar el proceso. Finalmente le tocó ceder.
Sus tensiones habituales parecían bombas de relojería. Intentaban controlarlas con medicamentos, pero era imposible dar con el tratamiento adecuado. Iniciaron pruebas para saber a qué era debido, hasta que dieron con el motivo , actualmente sin nombre concreto. Pero si con nombre de enfermedades similares y con tratamientos igual de válidos para conseguir una posible estabilidad en su enfermedad.
Cada mañana nada más despertar en el hospital tenían que seguir un orden diario.
Ir a pesarse a la báscula, al pasillo y mirar la tensión antes de comenzar a desayunar.
¿Se podía seguir quedando en cama? Sí, en eso no había problema. Poco más podía hacer. Recordaba lo largas que pasaban las horas y los días allí adentro. Solo deseaba que le dieran el alta el fin de semana para poder salir y volver a su vida anterior.
Por las mañanas casi siempre venían voluntarios a amenizar la estancia de los pacientes y las familias. Esos tipos de detalles se agradecen de por vida. Los que estaban algo mejor por la mañana venían a buscarlos por si querían ir al "colegio" en el cual les ponían 1 o 4 fichas de ejercicios adecuados al curso de cada niño.
Por la tarde les llevaban a la "zona de juegos" donde había libros, juegos, ordenadores. Hacían actividades y manualidades muy originales. Realmente era el mejor lugar para evadirse, aunque fuera un instante de su nueva realidad.
Así vivió algo más de un curso escolar en su cambio de primaria, al instituto. La tutora le facilitaba la asistencia a clase, las pocas que podía asistir, aún sin estar al nivel del resto de los alumnos.
Le animaban a escribir, era una cosa que se le daba bastante bien debido a su imaginación y las ganas que le ponía. Aún con faltas ortográficas, fáciles de corregir.
Posteriormente, repitió curso para intentar de ese modo ponerse al día. Nuevos compañeros, todo cambio. Pero no cambió sus ganas a la vida y a disfrutar cada segundo al máximo.
A pesar de sus visitas médicas, ya estaba todo bastante más controlado, al haber conseguido regular la presión arterial.
Continuaban realizándole pruebas y pruebas de control y en busca del mejor tratamiento para su rara enfermedad.
Al cabo de pocos años, inició su vida laboral. En la cual tuvo nuevamente otro brote, las articulaciones inflamadas, las tensiones descontroladas, apenas podía moverse de la cama sin ayuda, ni dolor.
Recordó que inició con corticoides para así controlar las inflamaciones. Realmente, fue una buena solución, ya que conseguía poder moverse con mucho menos dolor.Tuvo que coger la baja y cambiar de empleo, aún con todas sus ganas. Busco uno adecuado a sus limitaciones. En aquel entonces no podía estar más de seis horas en pie y tampoco aguantaba mucho movimiento sin recaer.
Al tiempo retiraron el corticoide y añadieron el metroject. El nuevo tratamiento iba genial, una inyección semanal. Hasta que a largo plazo 3 días antes de la dosis siempre estaba con náuseas, malestar general, ansiedad por la comida…
Trabajaba a 3 minutos caminando de casa. El trayecto con el nuevo brote se convirtió en una odisea de casi media hora, caminando con dolor y mucha dificultad en el movimiento. Por suerte la empresa le puso todas las facilidades a sus limitaciones y arreglaron los papeles para poder estar de baja hasta que tuviera mejoría y pudiera volver a incorporarse con un nuevo contrato.
Inició con corticoides para así poder reducir las inflamaciones. Realmente, fue una buena solución, ya que conseguía poder moverse con mucho menos dolor.
A los años…
Nuevamente se vio afectada su salud, tuvo que cambiar de empleo, aún con todas sus ganas.
Busco uno adecuado a sus limitaciones. En aquel entonces no podía estar más de seis horas en pie y tampoco aguantaba mucho movimiento sin recaer.
Cuando pudieron retiraron el corticoide y añadieron el metroject. El nuevo tratamiento iba genial, una inyección semanal. Hasta que a largo plazo 3 días antes de la dosis siempre estaba con náuseas, malestar general, ansiedad por la comida. Le daba por comer a todas horas, era una manera bastante eficaz de tapar esas náuseas continuas provocadas por la medicación a largo plazo. Pero la verdad que no tenía mucha más opción en aquel momento. Su enfermedad parecía estar estable y todos los controles daban correctamente. Los años pasaban, su vida continuaba, a pesar de sus limitaciones temporales, podía tener una vida bastante común como cualquier otra persona.
Recordó cuando estudiaba hostelería al finalizar la educación obligatoria para incorporarse al mundo laboral, en aquel tiempo era un empleo con mucha salida y muy bien pagado.
Pero realmente, al ponerlo en práctica no era su camino adecuado. No conseguía aguantar más de 5 días sin recaer de nuevo. Estuvo de dependienta, cajera, …Empleos que se conseguían fácilmente en aquellos tiempos y que lograba aguantar de pie 6 horas continúas.
Al tiempo decidió buscar un bebé, aun sabiendo que era de riesgo. Los médicos le recomendaron formar su familia antes de los 30 para reducir el riesgo. Tuvo que cambiar un año antes su medicación para poder iniciar el proceso. Pero, como le dijeron una vez... "Todo lo que realmente cura, daña por otro lado". Así que su medicación actual sabía que no era la definitiva y que cada cierto tiempo se la irían cambiando.
Posteriormente tuvo un par de abortos espontáneos en mas de un año de búsqueda, cuando conseguía por fin quedar embarazada hasta que la medicaron para retenerlo y así conseguir su deseado embarazo
En ese instante volvió al presente, interrumpió los pensamientos para ir a beber un vaso de agua e intentar dormir. Se había hecho muy tarde, perdió por completo la noción del tiempo y en pocas horas sonaría la alarma para ir a trabajar. Su mente comenzó a imaginar un futuro perfecto, sabía que era la única persona completamente capaz de poner rumbo a su vida y sobre todo de conseguir llegar a donde se propusiera a pesar de las dificultades que la vida le deparaba.
A la mañana siguiente, al llegar al trabajo, nadie se percató de la claridad lunar ocurrida esa noche.
-¿Y tú, por las noches, no duermes? - le preguntaron.
-Yo escribo en los momentos más inesperados. - Contesté
- ¿Qué? - dijeron sorprendidos.
- Sí, lo sé. En esta historia diminuta confieso por primera vez algunas de mis anécdotas vividas. Sé que no me dirijo en primera persona a lo ocurrido, me es más fácil. Supongo que será porque aún no estoy del todo preparada para escribir en profundidad sobre ello, siempre ha sido mi tema "tabú" que muy pocos sabían realmente cómo lo viví. - Conteste de nuevo.
- ¿Y por qué ahora? - Añadieron.
- Gracias a la decisión de hacer referencia al Takayasu en la contraportada que realizó la editorial de "Las extraordinarias aventuras de Ainara" a mis 34 años, actualmente con mi discapacidad permanente reconocida, creo que ya va siendo momento de comenzar a tratarlo con normalidad.
FIN

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