
Historia diminuta. 1
- Zaray Mulet

- 13 may 2023
- 9 min de lectura
Esta historia diminuta da inicio en una aldea del norte de España. Una aldea increíblemente hermosa, contiene una zona fluvial, mucha vegetación, poca circulación, animales en libertad y lo más importante la tranquilidad del lugar en el que pensar, recapacitar y recargar energías positivas.
Es el lugar favorito de nuestra protagonista Telma de dieciocho años. Su rutina diaria de la ciudad le agobia bastante y le encanta disfrutar siempre que puede sus cortas vacaciones en ese magnífico lugar. Este año había organizado una escapada con Mario, su mejor amigo desde la niñez. De esa manera compartirían gastos y no iría sola o con mamá como hacía habitualmente.
Llegó el momento deseado y cargaron el diminuto coche con dos maletas pequeñas, en su interior llevaban las cosas justas que pudieran llegar a necesitar.
Telma iba al volante y Mario le daba conversación durante el largo trayecto.
Al llegar al lugar fueron directos a la segunda residencia de los padres de Telma a vaciar las maletas. La casa estaba en la parte alta de la aldea, tenía arañas y bastante polvo desde la última vez que estuvo ocupada. Por suerte era pequeñita y fácil de limpiar para disfrutar esos dos días que iban a estar.
-¡Qué bonito lugar! Estos días serán fabulosos.- Dijo Mario
-Ya te dije que era perfecto. Vamos a darnos un baño en la zona fluvial. Luego ya limpiaremos. - Dijo Telma
Mario asintió, era un planazo para el día de llegada. Fueron ambos al lugar rápidamente, sin perder el tiempo en ponerse el bañador. Se sacaron la ropa velozmente y saltaron al agua.
Él agua estaba bastante fría, pero realmente nadie podía negar darse un baño en aquel asombroso paraje.
El sol se escondió y la luna salió sin apenas darse cuenta.
-Vayamos a la casa a limpiar, cenar y descansar. Mañana cuando salga el sol toca paseo matutino por la zona. - Dijo Telma
-¡Me parece genial! Estoy agotado. Yo preparo la cena mientras limpias¿Te parece?- Dijo Mario
Telma aceptó el reparto de faenas. Había sido un día muy agotador y ambos necesitaban reponer fuerzas.
Al día siguiente, al amanecer.
-¡Vamos Mario! Desayunemos rápido para aprovechar el día, a tope. - Dijo Telma
Mario asintió. Tenía unas ganas increíbles de caminar por la hermosa aldea y sus alrededores. Después de un buen rato, cuando por fin estaban preparados para el paseo matutino.
-Vayamos por la derecha, parece que el paisaje es más hermoso. - Dijo Mario
Telma dudaba. Realmente hacia ese lugar mamá nunca le había dejado ir. Había una leyenda sobre esa zona que jamás quisieron contarle. Pero aun así asintió.
Con nadie mejor que con Mario para averiguar que escondía aquel lugar y cuál era el motivo por el que nunca le dejaron tomar ese camino. A pesar del miedo interior que sentía Telma, iniciaron el camino de la derecha. Era verdaderamente bonito. Había tantos eucaliptos que cada paso que daban su respiración era más profunda.
-¡Telma! Acabo de notar movimiento por allí detrás.- Dijo Mario
-¡Vayamos! Pero con cuidado.- Dijo Telma
Los dos se aproximaron al lugar sigilosamente. En un instante Telma tropezó y cayó. Comenzó a quejarse del pie izquierdo.
-¿Puedes apoyar? Vamos, volvamos yo te ayudaré a llegar a la casa.- Dijo Mario.
Tuvieron que retroceder para las primeras curas del tobillo izquierdo de Telma. Al llegar a la casa todo apuntaba que era un pequeño esguince y que con una venda de compresión de las que había en la casa sería suficiente.
-Bueno, hoy descansemos ese pie.- Dijo Mario
-Ni soñarlo. Volvamos a ver qué había detrás de aquel lugar. Un pequeño esguince no va a lograr detenerme. - Dijo Telma
Ya se hizo bastante tarde, así que decidieron esperar para retomar su paseo después de comer y así poder reposar algo más el pie.
Al llegar el momento, volvieron de nuevo por la ruta de la derecha.
A Telma se le notaba el dolor a cada paso que daba, pero sabía que eso no era suficiente para detenerla.
-¡Allí era donde estaba! - Dijo Telma
-Sí, pero ahora ya no estará. - Dijo Mario.
-Vayamos igualmente.- Dijo Telma
Mario estaba convencido de que el animal que fuera ya no estaría en ese lugar. Aun así decidió seguir a Telma entre la niebla, para descubrir ese pequeño rincón.
Al llegar tal y como había dicho Mario no había ningún animal. Iban a retroceder para volver a casa al haber aumentado la niebla y la humedad de la noche.
Mario se quedó paralizado al observar unas extrañas huellas.
-¿De qué puede ser? ¿Qué animales extraños tenéis?- Dijo Mario
-En la zona hay caballos, vacas, lobos, jabalís… Pero con estas huellas tan extrañas, ninguno. - Dijo Telma
-Sigamos el rastro de ellas.- Dijo Mario
A pesar de que la niebla cada vez era más espesa y que no conocían la zona ni a lo que se enfrentaban, decidieron averiguar de dónde provenían esas extrañas huellas. Para ello tenían que aprovechar al máximo sus dos días y ya habían perdido casi la mitad.
-¡Mira, ahí acaban!- Dijo Mario
-No, van hacia el interior de esa pequeña cueva. - Dijo Telma
Mario se disponía a acceder al interior de la cueva. Cuando Telma repentinamente comenzó a temblar al recordar que había una leyenda de aquel lugar y que había sido un lugar prohibido para ella hasta aquel momento.
-Tranquila. Vamos, aquí estoy yo. - Dijo Mario mientras se situaba el primero.
Los dos accedieron al interior de la diminuta cueva. En su oscuridad interior se observaba una ligera sombra.
En el interior de la cueva, la sombra permanencia inmóvil. Telma estaba a punto de entrar en pánico y se situó tras Mario.
-Tranquila, tengo todo bajo control.-Dijo Mario
Realmente ambos sabían que no había nada bajo control, ya que no sabían a lo que se enfrentaban. Pero la curiosidad aumentaba, así que decidieron aproximarse a la sombra para ver realmente que era.
Era un ser extraño del tamaño de un niño de cuatro años. Contenía una melena larga y poco cuidada y unas uñas puntiagudas y muy sucias.
-Vámonos!-Dijo Mario
-No. Averigüemos más, parece inofensivo.-Dijo Telma
Telma se aproximó sin dudarlo a ese ser, aun con miedo. Quería averiguar realmente lo que ocurría en su aldea y porque tenía prohibido dirigirse hacia aquel lugar.
El ser extraño se quedó observando hacia los dos con la mirada fija.
-¿Hola?- Dijo Telma esperando a ser respondida.
No obtuvo respuesta ninguna, él ser temblaba, pero continuaba observándose fijamente a ambos mientras Telma se aproximaba.
-¡No! - Grito el Ser.
Telma se detuvo al instante. Ahí se dio cuenta de que era humano y que hablaban el mismo idioma.
-Está bien. ¿Estás aquí solo? - Dijo Telma mientras volvía a aproximarse.
-¡Fuera! ¡Fuera! ¡Fuera!...- Dijo el humano muy alterado y agresivo.
Mario le dio la indicación a Telma que sería mejor hacerle caso y salir de aquella cueva. Telma asintió y evacuaron el lugar con muchas dudas. Una vez fuera decidieron regresar a la casa a descansar y regresar por la mañana temprano con la luz del sol, aun con la duda de si el pequeño humano seguiría en aquel lugar.
Al día siguiente, al amanecer. Dudaban si realmente regresar, el humano parecía bastante agresivo al abandonar anoche el lugar.
-Hoy es nuestro último día aquí. Creo que no podría regresar a casa y quedarme con las dudas.-Dijo Mario
-Pienso igual, pero puede ser peligroso. Recuerda como se puso ayer.- Dijo Telma
Al salir de la casa iban a tomar el camino de la izquierda para dirigirse a la zona fluvial y darse el último baño de esas vacaciones. De repente notaron movimiento tras ellos.
Ambos se miraron y giraron a la vez. Allí estaba él ser humano, escondido tras un árbol, observando a ambos. Decidieron hacer como que no le habían visto y continuaron su camino, asegurándose que les siguiera y no saliera corriendo asustado.
Al llegar dejaron las mochilas y se sacaron la ropa para bañarse. Nadaban y jugaban entre ellos y se hacían los despistados para así conseguir que el ser cogiera confianza para aproximarse un poco más y poder verlo mejor.
Así fue, él humano se aproximó y les robó la ropa. Volvió a ocultarse tras el árbol mientras se vestía con esa ropa inmensa para él.
Telma y Mario se hacían los disimulados, mientras alucinaban con la situación. Una vez vestido, regresó en busca de comida.
Telma decidió salir tranquilamente del agua para aproximarse.
Él humano regresó corriendo a ocultarse tras un eucalipto para continuar observando desde la distancia.
-Está bien, Si no quieres aproximarse te entiendo. Tranquilo, yo tampoco lo are.- Dijo Telma mientras se sentaba en el suelo observando al ser desde la distancia
Daba mucha impresión a la luz del día, sobre todo por su estado desaliñado y su pequeño tamaño. Estuvieron un par de horas observándose fijamente entre los tres.
-Me llamo Telma, ¿tú?- Dijo Telma
Él humano artículo palabra, pero lo hizo tan bajito que ni se le escuchó.
-Yo me llamo Mario. ¿Te podemos ayudar en algo?- Dijo Mario mientras se aproximaba lentamente.
En ese instante el ser comenzó a ponerse nervioso.
-¡Espera! Te queremos ayudar.- Dijo Telma
El pequeño humano se aproximó a Telma observándola y tocándole las manos.
-¿Tienes hambre? Siéntate Mario irá a por algo de comida de mientras. - Dijo Telma
Tenía la intención de que seguramente le haría caso omiso, pero no fue así. Él se sentó frente a Telma observándola, mientras esperaba que Mario se marchara.
-¿Estás segura?- Dijo Mario a Telma
Ella asintió con la cabeza, por fin había conseguido la cercanía necesaria para averiguar la leyenda de lo ocurrido en su diminuta aldea.
Una vez solos…
-¿Entiendes mi idioma?- Dijo Telma
El humano se limitó a asentir con la cabeza. Mientras no paraba de hacer movimientos con los pequeños, mugrientos y extraños pies mientras enredaba más aún su largo cabello.
-¿Por qué permaneces siempre oculto? - Dijo Telma
-Comer.- Dijo el humano
-Está bien, ve come.- Dijo Telma
Él humano no quería acercarse a Mario. Telma se incorporó lentamente y fue a buscar la comida para aproximarla al lugar y se sentó nuevamente junto al humano, con la comida en mano.
-Hagamos un trato. Te doy la comida, si tú me explicas que te ocurrió.- Dijo Telma al ser.
El ser aceptó. Llevaba mucho tiempo sin poder comer un buen plato de comida.
-Me llamo Teiti. La mujer que me dio la vida murió la noche en que yo nací, era una noche de luna llena. Desde aquel momento me quedé con el sacerdote del pueblo próximo. Hasta que un día logré escapar. - Dijo Teiti.
-¿Y tu padre?- Dijo Telma
Teiti quedó pensativo y empezó a mostrar signos de agresividad. Telma se dispuso a tener el primer contacto para mostrarle su confianza.
-¡No!- Gritó Teiti.
-Está bien, tranquilo.-Dijo Telma
Teiti al ver que le respetaban, continuó con su explicación.
-Según el sacerdote, mi padre era un ser extraño, feo, agresivo y muy diminuto, él cuál pocos conocen.- Dijo Teiti
-¿Y por qué te escapaste?- Dijo Telma
-Yo tenía que ir creciendo como cualquier otro niño, pero no fue así. Fui sacando rasgos de mi padre y me miraban como si fuera un bicho raro. A medida que cumplía años me mantenían encerrado para evitar que así hiciera daño con mi agresividad. Hasta que un día conseguí escapar y permanecer oculto de cualquier mirada.- Dijo Teiti
Por la manera en que Teiti hablaba había poca diferencia de edad.
-¿Y cómo has conseguido sobrevivir oculto y solo?-Dijo Mario.
-En la casa contigua de donde os hospedáis vivía un señor, él cuál me ayudaba y me mostraba aprecio. No le daba miedo relacionarse conmigo. Pero, hace unos meses que no sé absolutamente nada de él. -Dijo Teiti
En la casa contigua estaba viviendo el abuelo de Telma hasta que por cosas de la edad tuvo que mudarse a una residencia.
-Telma es demasiado tarde, tenemos que recoger todo, cargar el coche e irnos. Aún nos queda un largo viaje.- Dijo Mario
Teiti se levantó y comenzó su regreso rápidamente a la cueva monte a través ocultándose entre los eucaliptos.
Al regresar a la casa para recoger…
-Antes de irnos quiero realizar una visita a mi aitona en la residencia. Nos queda de camino.-Dijo Telma
Con el coche cargado de nuevo y llenos de recuerdos de esos dos días en la hermosa aldea volvían de regreso, con una parada pendiente en el camino.
-Lleguemos, ve a tomarte un refresco mientras regreso.-Dijo Telma a Mario.
Al entrar en la residencia e identificarse, allí estaba su abuelo. Sentado, leyendo un libro, junto a la ventana.
-¡Hola mi niña! ¿Cómo estás? No esperaba visita el día de hoy.- Dijo el abuelo.
Se dieron un gran abrazo, antes de comenzar a hablar del motivo de la visita.
-Hola aitona. He conocido a Teiti.- Dijo Telma
-¿Cómo está? Con este libro le enseñe a leer… - Dijo él abuelo.
-Está solo, oculto y preocupado porque hace meses que no sabe nada de ti.- Dijo Telma
-Él pobre siempre ha querido permanecer oculto. Yo era su única compañía. ¿Por cierto, cómo sabes que existe? Tu madre nunca te dejo ir hacia su guarida. Siempre decía que era muy peligroso por su agresividad que se acercara a ti o a alguien de la aldea.-Dijo el abuelo con rostro de preocupación.
-He venido dos días con mi amigo Mario. Sé que no he hecho caso a mi ama…-Dijo Telma
El abuelo la tranquilizó. Su secreto estaba a salvo con él.
-Aitona, tenemos que hacer algo para ayudar a Teiti. Somos los únicos que realmente sabemos que no es agresivo por mucha leyenda que haya tras él.-Dijo Telma
-Tienes razón mi niña. Pero yo desde la residencia nada puedo hacer.- Dijo el abuelo.
Al regresar a su casa no podía evitar pensar en Teiti. ¿Qué podía hacer para ayudarlo y que no sentirse solo? Nadie se acercaba a él por miedo generado por unos prejuicios falsos a base de una leyenda medio inventada.
Después de algunos días pensando qué podía hacer, recordó que Teiti sabía leer. Así que decidió enviar mediante una empresa de reparto una caja.
A los pocos días recibió una llamada.
-Señorita, no hay nadie para realizar la entrega.-Dijo el repartidor.
-Déjela en la puerta, debajo del porche.- Dijo Telma.
A las horas, Telma recibió una notificación en el móvil. Eso significaba que Teiti había abierto la caja.
En su interior había las llaves de casa del abuelo para poder hacer uso de ella siempre que quisiera.
También había una tablet y una nota que le explicaba detalladamente cómo activarla para poder mantener el contacto.
Todo eso era nuevo para Teiti y el abuelo. Por suerte aprendieron lo básico para así poder mantenerse en comunicación y saber el uno del otro.
Por otro lado Telma estaba deseando regresar de vacaciones con su madre a la aldea y así poder demostrarle que Teiti existía y que no era nada agresivo por muchos prejuicios que generase dicha leyenda.
Fin

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